Primera confesión

“El hombre no es otra cosa más que lo que él se hace”, dice la máxima de Sartre. Con esta frase enuncia la libertad natural e irrenunciable del hombre, que nos hace responsables de todo lo que hacemos y, a decir de Jorge Bucay, también de lo que sucede en el mundo. Ante estas premisas, sólo existen dos limitantes de la libertad del hombre: en primer lugar, la fuerza de la naturaleza, la física, nuestra sujeción a la realidad, que es eso que está ahí antes que nosotros y que es ajeno a nuestra voluntad (lo que además contribuye a la teoría de que, a través del pensamiento y la imaginación, el hombre es plenamente libre). La naturaleza del hombre es la libertad, en ello también consiste la primera limitante. Somos esclavos de esa naturaleza nuestra, que es, como dice Sartre en otro texto, la capacidad de superar nuestra propia naturaleza. La segunda limitante es la que en verdad causa escalofríos. ¿Qué hay en la realidad que tenga el mismo potencial que la naturaleza física en la opresión de nuestra libertad? La respuesta es muy simple: el hombre. Así como somos capaces de autolimitarnos, somos capaces de reprimir a otros. De ahí que tantos de nosotros vivamos con el prejuicio de que no existe este valor supremo. Es que no la hemos conocido. En un mundo en el que cohabitamos con personas tanto o más libres que nosotros mismos, es preciso crear normas (nótese que su origen es humano) que garanticen que la libertad de unos no esté sobre la de otros. Lo que quiero decir es que las normas deben tener este ideal como última finalidad. Pero ocurre algo completamente distinto con los dogmas, los prejuicios y el extremismo. Estos no son nada más que la normalización de verdades declaradas incuestionables y la aplicación indiscriminada de la voluntad de “algo o alguien” sobre los demás. Los dogmas, los prejuicios y el extremismo son, por lo tanto, completamente ajenas al deber último de la norma. Asimismo, y arriesgándome en el acto (soy estudiante de Derecho y esta idea puede ser mal vista), opino que la sociedad debe buscar en conjunto la justicia, y oponerse a la ley cuando ésta sea injusta, y la justicia es la determinación y realización de las libertades e intrínsecos deberes sin mutuos perjuicios en la sociedad. Si no es por ello que se estudia el Derecho, ¿entonces por qué es?

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